sábado 4 de junio de 2011

En busca de un camino (Pequeña reflexión filosófica)

Es muy fácil seguir un camino, un sendero ya andado anteriormente por miles de personas, el cual no deja opción de error ni de pérdida posible. Es muy fácil caminar por el mismo trayecto que otros ya caminaron antes de tu propia existencia, quizás hace años, quizás hace siglos… Pero el camino allí ha quedado para que pueda seguir siendo caminado por aquellos viajeros que no desean complicar su viaje y quieren llegar a puerto sanos y salvos, sin haber corrido riesgos innecesarios, sin haber pasado tan solo una noche a la intemperie en algún lugar lejano, distante de cualquier camino conocido.
Es fácil seguir un camino.


¿Pero, cómo se crean los caminos? O mejor dicho… ¿Quién los crea? Porque no creo que al formarse la tierra, y mucho menos el sistema solar, también se formaran los caminos, ¿Qué venían, en el lote incluidos? Algún inicio divino o humano habrán de tener…
Para un cristiano, los caminos los crea Dios. Para un musulmán, Mahoma. Para un budista, Buda. Para un naturalista, el hambre que mueve al humano en busca de comida. Y así, podríamos pasarnos un buen rato, diciendo las innumerables teorías acerca de la evolución del ser humano y su empuje moral y ético.
Pero dejando aparte creencias religiosas, o simples cultos colectivos. ¿Qué clase de hombre es aquel que se atreve a iniciar un camino donde antes nadie pensó iniciarlo? ¿Un geógrafo?, ¿Un descubridor? ¿Un Cristobal Colón? También aquí, centrándonos en el individuo, podíamos pasarnos un buen rato diciendo profesiones y dedicaciones que pueden crear rutas y caminos novedosos. Pero no van por ahí los tiros todavía…

Los tiros van dirigidos al hombre, al HOMBRE, con mayúsculas, que decide en un momento de la humanidad romper con sus contemporáneos, desmarcarse de la sociedad de la edad del bronce, desmarcarse de la sociedad feudal, desmarcarse de la sociedad preindustrial, desmarcarse de la sociedad capitalista… desmarcarse de la sociedad que le ha tocado vivir, independientemente del siglo que sea… y poner un pie donde antes nadie ni siquiera dirigió una simple mirada.
Es aquel hombre, que, quizás harto de seguir una senda demasiado monótona, sin apenas sorpresas o curvas, y con acompañantes de viaje un tanto aburridos, decidió, un día de sol primaveral, tirar campo a través ante la mirada perpleja del resto de caminantes.

Seguramente, el hombre no sabía muy adonde llegaría en esa dirección, pero algo en su interior le susurraba que siguiera caminando, que no mirara atrás, solo a los lados y hacia la montaña que tenía en frente, pues al otro lado de la empinada ladera seguramente iba a encontrar verdes valles y azules ríos sin contaminar.
Pero aunque el hombre seguía caminando solo, cada vez más lejos del grupo, y sin hacer ningún mal a nadie, en su interior también había dudas y confusión. Dudas que se incrementaban con las críticas y las voces que los otros caminantes desde su pisada senda, gritaban al hombre solitario, llamándolo insensato, loco y tonto. No entendían porque ese hombre había abandonado la seguridad y la firmeza del camino, y había preferido ir creando un pequeño senderín que se adentraba en bosques oscuros, aunque también en praderas más verdes que las que ellos tenían a sus lados.

Pero el hombre necesitaba sentirse libre, crear su propia senda, porque no quería ser un caminante más de ese largo y llano camino por el que tantos hombres habían caminado ya. El quería aportar un camino a la historia de los hombres, para que, quizás, en el futuro, alguien pudiera decidir  entre dos sentidos, entre dos direcciones, y no verse obligado a caminar por el eterno camino, sin mirar a los lados, como si de una oveja en medio de un gigantesco de rebaño de ovejas hostigadas por varios mastines a los lados que caminan recto sin detenerse a mirar en el horizonte por si acaso existe otra vía más rápida, más hermosa o simplemente más acorde con su personalidad e interés, se tratara.

Por eso, el hombre, siguió caminando, porque pensó  que su vida no iba a estar llena y satisfecha hasta que no siguiera, por una vez en la vida, los latidos de su corazón. Y a la vez también, porque pensó que han de existir otras rutas para que el hombre llegue a ser un hombre feliz, completo y realizado. Porque pensó, que aunque se van a correr más riesgos que yendo por el camino normal, también se van a correr más satisfacciones y alegrías.

Y es que el nuevo camino, aunque en un principio estaba lleno de zarzas, bosques salvajes y ríos furiosos, poco a poco, a medida que el hombre iba teniendo más confianza en si mismo, en su utópico proyecto, en su ilusión, en su futuro, a medida que el caminante iba caminando con más firmeza, rápido pero parando cada poco a ver el paisaje, el camino, como por arte de magia, iba haciéndose más cómodo, más apto para caminar, tanto que hasta que se volvió de césped blando y esponjoso (casi no lo hacían falta ni las botas), con pequeñas colinas llenas de árboles frutales y fuentes abundantes. Lo que antes había sido una maraña de arbustos y extraños ruidos, ahora un continuo jardín de Adán y Eva que se extendía en el horizonte tras la mirada del asombrado hombre.

El caminante, que ya se había olvidado del antiguo camino por el que habían transcurrido todos sus antepasados durante todos esos siglos, se sintió contento y empezó a tomar atajos que surgían como de la nada. Era increíble. Solo tenía que imaginar un atajo para que surgiera entre los verdes campos. Solo tenía que imaginar algo que quisiera para que surgiera instantáneamente en el medio del camino. Era su camino. Era el camino de su vida, de su alma y de su corazón. Y él era el único caminante que andaba por él.

Se preguntó por qué nadie antes se había a atrevido a abandonar el eterno y llano camino, y crear uno por su cuenta. ¿Qué miedos o que fuerza mayor hacían que los hombres no replantearan el sentido de su camino, de su vida? ¿Cómo no eran capaces de ver lo extenso y amplio que era el mundo, en el que podían caber todo tipo de caminos, casi un camino por cada hombre? ¿Quién les había ordenado a andar eternamente por ese llano y aburrido camino, y no poder experimentar otras sendas, otras sensaciones, otras vidas diferentes, ni mejores ni peores, pero diferentes a la que estaba dispuesta como por mandato universal?

El hombre había creado un camino, el camino que su alma había elegido.

A veces tenemos miedo de dar un paso hacia lo desconocido, hacia ese lugar que nuestro corazón pide a gritos pero que en el fondo nos da miedo. A veces caminamos sin saber adonde vamos, o caminamos por caminos que sentimos que no son “el nuestro”, pero lo seguimos haciendo. ¿Por qué?

Tenemos que dar el primer paso y ser valientes, porque al igual que a ese hombre, nuestros primeros pasos en el camino serán difíciles y confusos, pero a medida que vayamos caminando iremos ganando confianza y viendo más claro el sentido de nuestro pequeño viaje por el planeta tierra. Y al final llegaremos a la meta tan cansados de reírnos y haber disfrutado tanto de nuestra pequeña experiencia, que no nos importará sentarnos unos buenos años a recordar  el viaje, sus difíciles inicios, sus montañas, sus valles, o aquel campo de rosas donde nos enamoramos por completo. Nos sentaremos y recordaremos todos esos pasos con una sonrisa en la cara, y estaremos contentos de haber creado un camino diferente, que quizás alguien tome alguna vez y diga: Realmente este camino vale la pena.

Y así habremos aportado nuestro granito de arena a este movimiento universal que es el Ser Humano.


Hay dos tipos de hombres: Los que siguen un camino, y los que crean caminos.
En tus manos queda.

1 comentarios:

  1. Sí, nos ha tocado vivir en un momento donde hemos llegado a la conclusión de que los caminos que tenemos no tienen salida, tampoco queremos un lider que nos enseñe la nueva ruta, tenemos que buscar una salida entre todos para llegar a buen puerto la vida en el planeta.
    Los cambios de rutas también son atrayentes, tenemos la utopía de un mundo posible, sin guerras, con pan, escuela y trabajo para todos, quizás ese sea el camino; por lo menos tenemos la ilusión de caminarlo juntos.
    Un abrazo
    Piedra

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