Viejas raices que crecen desde los albores del primer milenio se entremezclan en tierras de carbón, leyendas y ríos.
Son las viejas raíces de los castaños que pueblan los valles del Sil que rodean a la Sierra de Gistréo, sierra que hace suya una clase de castaña más pequeña pero más rica que la gallega, haciendo, por lo tanto, que se cotice en alto en los números magostos que la provincia leonesa celebra en Noviembre y Diciembre.
Pueblos como Noceda, como Robledo de las Traviesas, como Toreno, Santa Marina del Sil, Pardamaza, Palacios o Páramo del Sil conservan impecables soutos de castañales en sus aledaños. Son castañales domesticadas por la mano del hombre en su mayoría, al igual que ocurre con los Olivares en el sur peninsular.
Los "oricios", la capsula de seguridad de la castaña
Al castaño (Castanea Sativa) se le mima desde pequeño, se le hace crecer de una determinada manera, se le limpia el suelo de hierbas u otros árboles (excepto de su inseparable madroño)… todo ello para que esté listo al cabo de los años para producir una buena cantidad de castañas, y lo más importante, que su recogida se haga de manera eficaz, rápida y cómoda.
El mundo del castaño encierra mucho más que un simple fruto silvestre alto en calorías y llevado por las legiones romanas al El Bierzo para, según dicen, alimentar a la mano de obra Astur que trabajaba en las Médulas de manera no voluntaria. El mundo del castaño es mucho más que ello, es la vida propia de las gentes que lo rodean, es su paisaje, es su forma de llevar a cabo el trabajo colectivo que ha dado lugar a facenderas, concejos y luego a Cortes en el Reino de León. El castaño dibuja por sí mismo un lienzo en el que todo el pueblo está representado.
Castaño gigante de Librán
En el municipio de Toreno se encuentran buenos ejemplos de castaños, tanto en su productividad como en su longevidad. Ya hemos hablado aquí del milenario árbol de Librán, de envergadura gigantesca, pero para ver como estos árboles impregnan el día a día en estos pueblos hay que visitar también otras localidades castañeiras.
Pardamaza asediada por el otoño
Pardamaza, subida solitariamente en las frías y norteñas caras de Gistréo, no pasa tan sola los años como se cree, pues un ejército de árboles cubren los tejados de este pequeño pueblo de apenas cinco habitantes, haciendo que pase desapercibido entre las copas de los árboles, castaños en su mayoría.
Y es que visitar Pardamaza y recorrer sus calles en otoño es algo que no se puede dejar de hacer. Miles de castañas caen al suelo y miles de ojos, incluidos los de las personas, se apresuran a darles “caza”, pues este alimento constituye una reserva esencial para pasar el invierno en casa de la esquiva ardilla o esguilo, como aquí la llaman, y también del descarado jabalí, que se da verdaderos atracones a escasos metros de las casas.
En Pardamaza, dirección al río, encontramos buenos ejemplos de castaños centenarios. Son bosques místicos, árboles sabios que han visto crecer muchas generaciones de dueños a través de los siglos tras sus hojas. Hojas grandes, teñidas de amarillo, marrón, verde, ocre… A veces aparecen restos de viejos troncos y ramas entre el follaje espeso, tapizados de musgo por donde corren los ratones y los mirlos (y seguramente algún trasgu). Su madera es altamente calorífica, y es bien empleada en estos pueblos para su posterior uso en herramientas y decoración.
Viejo molino de Pardamaza debajo de un elegante castaño
Abandonamos este pueblo que en estos días se encuentra en restauración de sus calles y bajamos ahora Sil abajo para llegar a Santa Marina del Sil, sede de un Centro de Iniciativas Turísticas el cual, junto con el del vecino Noceda, son los máximos exponentes de la tradición castañera en la provincia de León.
Santa Marina del Sil y la vía férrea Ponferrada-Villablino
Santa Marina se esconde en las laderas boscosas de la margen izquierda del Sil el cual en este tramo comienza a quedar embalsado debido a la presa de Bárcena, ya próxima de Ponferrada.
Antiguo lugar de buena pesca de truchas y anguilas, hoy Santa Marina ha hecho de la Carpa su icono de referencia al exterior. Este pez que nada en las profundas aguas del embalse es el protagonista de un festival que viene celebrándose desde hace décadas y llega a tener más de 100 participantes todos los años que sueñan con pescar el trofeo más valioso.
Estampa del festival de la Carpa. Al fondo, Gistréo (1.721 metros)
Pero Santa Marina, al llegar el otoño cambia la carpa por otro elemento más autóctono, la castaña. Cada noviembre, el C.I.T. de la localidad entama el tradicional magosto cuyo participación es gratuita.
Las castañas, que se han apañado previamente en los últimos días de Octubre y primeros de Noviembre, son introducidas en los tambores, siendo estos utensilios las cajas metálicas donde se asan mediante las llamas de las fugueiras.
Las gentes se reúnen en torno al fuego, charlan, beben y esperan a que la castaña estoupe, es decir, estalle en el interior del tambor, momento en el cual hay que empezar a volcar el contenido en los calderos y las cestas.
Comienza el magosto sobre el valle del Sil
Las castañas ya asadas
El magosto, actividad tradicional que se realiza en la mayor parte de lugares del noroeste peninsular, aumenta cada año su realización en otros lugares de la geografía, debido en su mayoría al interés que estos Centro de Iniciativas Turísticas ponen. Así, por ejemplo, el de Santa Marina ha recorrido grandes capitales como Madrid o Valladolid.
Faciendo cestos en Santa Marina
Al magosto se le suele acompañar otro elemento como la queimada y el vino, el cual es otro producto original de Santa Marina. Pero, por encima de todo, es importante la música, el canto y el baile. Grupos y bandas de música tradicional vienen cada año a esta localidad para amenizar la tarde con sus gaitas, chiflas, bailes y voces.
Imagen de magosto con el tambor en primer plano
Pero para voces hay que hablar de uno de los vecinos más entrañables de Santa Marina, el señor Domingo, un hombre de muchos oficios. Desde cesteiru y ferreiru hasta pescador, y no un pescador cualquiera, pues en sus manos ha tenido una de las mayores carpas pescadas en el pueblo, la cual llegó a pesar los 11 kgs. Pero, como decimos, Domingo es famoso en la comarca por su voz, por la cantidad de canciones tradicionales que retiene en su memoria y que, en ocasiones como el magosto, lanza al aire para deleite de los participantes.
Domingo junto al grupo de música leonesa "Tarna"
Entre las ramas de las gigantes castañales que rodean el pueblo vuelva la coruxa y la noche cae sobre el valle haciendo que las fugueiras destaquen en la oscuridad y su luz se mezcle con el sonido de las gaitas que envuelve al calor humano que saborea este fruto tan sabroso y típico de nuestros pueblos. Todo ello crea una bella estampa que se repite todos los otoños y esperemos que así siga siendo muchos años más y que la enfermedad que seca a estos árboles centenarios y grandiosos solo sea un pequeño percance que desaparezca pronto.