viernes 20 de enero de 2012

Un País de Montañas


Bueno gente, aquí os presento un pequeño montaje de fotos con música que he hecho estos días huyendo de las noticias del mediodía, las cuales solo hacen que decirme que nunca voy a tener trabajo y mucho menos una casa propia. Así que, como siempre, he puesto la mirada en mis montañas para sonreir un poco. Espero arrancaros también a vosotros una sonrisa.



video



* Las fotografías están tomadas en varias comarcas del norte montañoso leonés, en muchos sitios lindando con nuestra querida Asturias. Hay imagenes que van desde el Castro de Chano en Furniella hasta las verdes laderas del Coriscao en Tierra de la Reina.


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Hibiernu: Invierno
Primaveira: Primavera
Branu: Verano
Seruenda: Otoño



martes 10 de enero de 2012

Peña Redonda - La "cruel" dama de Vegarada

En los altos de Vegarada, allá donde el Curueño y el Aller comparten pastos y arándanos, se divisa hacia el noroeste una peña caliza, algo solitaria, ligeramente más pequeña que las montañas que la rodean, pero de sublime belleza.

Peña Redonda o Peña Reonda se eleva a 1.836 metros de altura entre los pueblos de Ruayer y El Pino. Divide los valles que bajan de San Isidro y Vegarada, y al mismo tiempo ve crecer por debajo de sus farallones calizos dos de las foces más conocidas de Asturias, las del Río Aller y las de El Pinu.

                                Pastizales en el alto del puerto

El enclave donde se encuentra, a escasos metros del puerto, rodeada de camperas y collados como Caniel.la o Palmián, desde los cuales ya tenemos una panorámica magnífica del paisaje que nos rodea, hacen de esta solitaria peña, un punto de referencia básico y un objeto de deseo irresistible para el montañero asturleonés.

Y atraídos por ella, fuimos un día tras una buena y barata comida en el restaurante Bodón de Lugueros, a ver si podíamos hincarle el diente por alguna de sus demoledoras paredes.

                         Peña Redonda desde las praderas de Faru

Ya desde el mes de Junio, cuando ascendimos el Pico Faro, e incluso desde tiempo atrás a través de fotografías y blogs, llevábamos con muchas ganas de conocer este bastión calizo asturiano.

Así que sin más dilaciones atravesamos el puerto que une León con Asturias y descendimos por la pista (aquí la carretera aún no ha llegado) para poder estacionar el coche en la bifurcación de la calzada, donde la pista principal sigue hacia Rioaller y otra sube hacia el collao Caniel.la a través de un estupendo acebal o Carrascal, como aquí llaman al acebo, dejando atrás alguna que otra braña y bajo la mirada de los picos de La Cabritera y Xexe.

                            Carrascos en la parte asturiana del puerto

El camino no tiene pérdida alguna y en poco tiempo llegamos al collado, desde el cual un nuevo mundo se nos abre hacia el norte. Es el valle y las montañas del Río de San Isidro, de Felechosa y Cabanaquinta, y hasta el mar cantábrico se divisa al fondo, no en vano estamos a escasos 50 kms. en línea recta de él.

Y a nuestra izquierda, soberbia y desafiante, Peña Redonda.

                          Peña Redonda desde las brañas de Rio Aller y Carbayalín

Para doblegar esta increíble peña existen dos vías normales de ascensión. Una está situada al norte, no visible desde el punto donde nos encontramos. Esta tiene quizás mejor acceso desde El Pino que desde Vegarada, y es necesario internarse en las entrañas de la peña, es decir, en la hoya que las verticales paredes forman en la cara norte del pico, para desde allí ascender por una canal herbosa hasta la cima.

                        
 Nosotros vamos a optar esta vez (si es que tenemos fuerzas de repetir en otra ocasión esta experiencia) por la cara sur, la cual desde los collados de Caniel.l.a y Palmián parece fácil y accesible. Desafortunadamente, una vez en frente de ella, no lo es tanto.

                        Peña Redonda desde Caniel.l.a

Siguiendo las instrucciones del libro de David Atela Cordillera Cantábrica Central y Occidental que alguna vez ya hemos comentado en este blog, llegamos a la pared sur de Peña Redonda y estudiamos por donde comenzar la primera trepada.


Llegados a este punto he decir, y que David Atela me disculpe, que lo que pensábamos que iba a ser una trepada más, se nos convirtió en una de las experiencias más peligrosas y estresantes que hemos tenido en la montaña hasta el momento.

                  La pared Sur, fácil de ver, díficil de subir

Ni rastro de fitos, ni señales, ni tan siquiera un pequeño senderín de rebecos. Absolutamente nada. Y el libro, que no dejamos de consultar en todo momento, tampoco nos sacó de dudas, puesto que íbamos trepando sobre una gran pared vertical con esperanzas de que más arriba nos condujera a un pasillín, un sedo o algo similar. Pero nada. Solamente al final de esta pared, donde casi ya se encuentra la cresta, aparece una canalina un poco más llevadera.



Ni llevábamos casco, ni cuerdas ni nada. Solamente paciencia, mucha templanza, piernas y manos, las cuales nos quedaron abrasadas por la cantidad de plantas con pinchos que existe en esta montaña, y que no teníamos más remedio que aferrarnos a ellas en muchos lances.


                       Esto es más díficil de lo que pensábamos...

REPITO, y creo que esto es muy IMPORTANTE, esta vía de ascenso es bastante peligrosa y exige mucha precisión y templanza. A modo de comparación, me pareció más fácil el Friero, aunque en este la trepada sea de mayor duración.

                         Últimas trepadas...

La cosa es que conseguimos llegar a la cresta, y el vértigo y el abismo hicieron acto de presencia. Solamente con asomarnos a la brutal cara norte, una especie de mareo te entra de repente. Pero eso sí, es un paisaje espectacular, salvaje. No defrauda a nadie, pero mete miedo.


                    Estudiando una posible vía de escape sobre el abismo

Desde estas alturas se contemplan a la perfección picos como el Torres, Retriñón, Peña Mea, Faro, Estorbín… y una larga cadena de sierras en todas la direcciones. Este es posiblemente uno de los puntos más centrales de la cordillera cantábrica.

                         Las foces del Pinu

                     Tierras de Felechosa

Y el miedo seguía en nuestros cuerpos a pesar de haber culminado esta impresionante montaña de altura modesta pero de enorme porte. Y es que casi no disfrutamos de las vistas buscando sin cesar otra vía de descenso diferente al de subida. Solo la de la cara norte aparece en el citado libro, y no acabó de convencernos puesto que también andábamos algo escasos de luz solar.

                           El Picu Torres, ya en San Isidro

Así que, después de unas obligadas fotos de cima, emprendimos con más fe que confianza, la bajada por la misma vía.

Acordamos medir cada paso y tomarnos el tiempo necesario en cada decisión. Son en estos casos donde un accidente tiene más probabilidad de entrar en escena, pues la serenidad se pierde y la rabia por no haber previsto esto, acaba por contagiar cada paso y mirada, desconcentrándonos.
Poco a poco fuimos bajando, cuidando uno del otro y ajustando cada milímetro en la pisada. Hay grandes lajas de caliza donde un rappel hubiera sido lo más seguro y efectivo, pero como he dicho, no teníamos ni la menor idea de encontrarnos con esto en esta montaña.

                            Por fín en tierra llana, un respiro para las piernas

Gracias a dios llegamos al prado. Mucho sudor y una terrible tensión en cada musculo de nuestro cuerpo nos acompañaron aún unos metros más hasta la pista de Vegarada.
Quizás pecamos de ignorantes, de valientes o simplemente el sendero estaba algo oculto, pero una cosa está clara, no creo que volvamos a subir más por esta cara… je je je.


Eso sí, el paisaje envuelto en el atardecer de otoño de la vuelta compensó un poco tanto sacrificio. Peña Redonda es una montaña hermosa y magnífica vista desde esos collados aledaños, pero subirla es toda una estampida de adrenalina.


Espero que me comentéis si habéis subido esta montaña y me digáis en que fallamos para no volver a cometer el mismo error en otra vez, pero vamos, pienso que es una montaña no apta para cualquiera.


Tiempo aproximado: 4 horas
Punto de partida: Puerto de Vegarada
Dificultad: ALTA
Datos de interés: Accesible también desde Felechosa y Rio Aller. Buen comer en Luguerosy Redipuertas.





lunes 12 de diciembre de 2011

Tierra de castaños

Viejas raices que crecen desde los albores del primer milenio se entremezclan en tierras de carbón, leyendas y ríos.
Son las viejas raíces de los castaños que pueblan los valles del Sil que rodean a la Sierra de Gistréo, sierra que hace suya una clase de castaña más pequeña pero más rica que la gallega, haciendo, por lo tanto, que se cotice en alto en los números magostos que la provincia leonesa celebra en Noviembre y Diciembre.

Pueblos como Noceda, como Robledo de las Traviesas, como Toreno, Santa Marina del Sil, Pardamaza, Palacios o Páramo del Sil conservan impecables soutos de castañales en sus aledaños. Son castañales domesticadas por la mano del hombre en su mayoría, al igual que ocurre con los Olivares en el sur peninsular.

                      Los "oricios", la capsula de seguridad de la castaña

Al castaño (Castanea Sativa) se le mima desde pequeño, se le hace crecer de una determinada manera, se le limpia el suelo de hierbas u otros árboles (excepto de su inseparable madroño)… todo ello para que esté listo al cabo de los años para producir una buena cantidad de castañas, y lo más importante, que su recogida se haga de manera eficaz, rápida y cómoda.

El mundo del castaño encierra mucho más que un simple fruto silvestre alto en calorías y llevado por las legiones romanas al El Bierzo para, según dicen, alimentar a la mano de obra Astur que trabajaba en las Médulas de manera no voluntaria. El mundo del castaño es mucho más que ello, es la vida propia de las gentes que lo rodean, es su paisaje, es su forma de llevar a cabo el trabajo colectivo que ha dado lugar a facenderas, concejos y luego a Cortes en el Reino de León. El castaño dibuja por sí mismo un lienzo en el que todo el pueblo está representado.

                          Castaño gigante de Librán

En el municipio de Toreno se encuentran buenos ejemplos de castaños, tanto en su productividad como en su longevidad. Ya hemos hablado aquí del milenario árbol de Librán, de envergadura gigantesca, pero para ver como estos árboles impregnan el día a día en estos pueblos hay que visitar también otras localidades castañeiras.

                     Pardamaza asediada por el otoño

Pardamaza, subida solitariamente en las frías y norteñas caras de Gistréo, no pasa tan sola los años como se cree, pues un ejército de árboles cubren los tejados de este pequeño pueblo de apenas cinco habitantes, haciendo que pase desapercibido entre las copas de los árboles, castaños en su mayoría.
Y es que visitar Pardamaza y recorrer sus calles en otoño es algo que no se puede dejar de hacer. Miles de castañas caen al suelo y miles de ojos, incluidos los de las personas, se apresuran a darles “caza”, pues este alimento constituye una reserva esencial para pasar el invierno en casa de la esquiva ardilla o esguilo, como aquí la llaman, y también del descarado jabalí, que se da verdaderos atracones a escasos metros de las casas.



En Pardamaza, dirección al río, encontramos buenos ejemplos de castaños centenarios. Son bosques místicos, árboles sabios que han visto crecer muchas generaciones de dueños a través de los siglos tras sus hojas.  Hojas grandes, teñidas de amarillo, marrón, verde, ocre…  A veces aparecen restos de viejos troncos y ramas entre el follaje espeso, tapizados de musgo por donde corren los ratones y los mirlos (y seguramente algún trasgu). Su madera es altamente calorífica, y es bien empleada en estos pueblos para su posterior uso en herramientas y decoración.

                       Viejo molino de Pardamaza debajo de un elegante castaño

Abandonamos este pueblo que en estos días se encuentra en restauración de sus calles y bajamos ahora Sil abajo para llegar a Santa Marina del Sil, sede de un Centro de Iniciativas Turísticas el cual, junto con el del vecino Noceda, son los máximos exponentes de la tradición castañera en la provincia de León.

                    Santa Marina del Sil y la vía férrea Ponferrada-Villablino

Santa Marina se esconde en las laderas boscosas de la margen izquierda del Sil el cual en este tramo comienza a quedar embalsado debido a la presa de Bárcena, ya próxima de Ponferrada.
Antiguo lugar de buena pesca de truchas y anguilas, hoy Santa Marina ha hecho de la Carpa su icono de referencia al exterior. Este pez que nada en las profundas aguas del embalse es el protagonista de un festival que viene celebrándose desde hace décadas y llega a tener más de 100 participantes todos los años que sueñan con pescar el trofeo más valioso.

         Estampa del festival de la Carpa. Al fondo, Gistréo (1.721 metros)

Pero Santa Marina, al llegar el otoño cambia la carpa por otro elemento más autóctono, la castaña. Cada noviembre, el C.I.T. de la localidad entama el tradicional magosto cuyo participación es gratuita

Las castañas, que se han apañado previamente en los últimos días de Octubre y primeros de Noviembre, son introducidas en los tambores, siendo estos utensilios las cajas metálicas donde se asan mediante las llamas de las fugueiras.
Las gentes se reúnen en torno al fuego, charlan, beben y esperan a que la castaña estoupe, es decir, estalle en el interior del tambor, momento en el cual hay que empezar a volcar el contenido en los calderos y las cestas.

              Comienza el magosto sobre el valle del Sil

                          Las castañas ya asadas

El magosto, actividad tradicional que se realiza en la mayor parte de lugares del noroeste peninsular, aumenta cada año su realización en otros lugares de la geografía, debido en su mayoría al interés que estos Centro de Iniciativas Turísticas ponen. Así, por ejemplo, el de Santa Marina ha recorrido grandes capitales como Madrid o Valladolid.

                                       Faciendo cestos en Santa Marina

Al magosto se le suele acompañar otro elemento como la queimada y el vino, el cual es otro producto original de Santa Marina. Pero, por encima de todo, es importante la música, el canto y el baile. Grupos  y bandas de música tradicional vienen cada año a esta localidad para amenizar la tarde con sus gaitas, chiflas, bailes y voces. 

               Imagen de magosto con el tambor en primer plano



Pero para voces hay que hablar de uno de los vecinos más entrañables de Santa Marina, el señor Domingo, un hombre de muchos oficios. Desde cesteiru y ferreiru hasta pescador, y no un pescador cualquiera, pues en sus manos ha tenido una de las mayores carpas pescadas en el pueblo, la cual llegó a pesar los 11 kgs. Pero, como decimos, Domingo es famoso en la comarca por su voz, por la cantidad de canciones tradicionales que retiene en su memoria y que, en ocasiones como el magosto, lanza al aire para deleite de los participantes.

                  Domingo junto al grupo de música leonesa "Tarna"

Entre las ramas de las gigantes castañales que rodean el pueblo vuelva la coruxa y la noche cae sobre el valle haciendo que las fugueiras destaquen en la oscuridad y su luz se mezcle con el sonido de las gaitas que envuelve al calor humano que saborea este fruto tan sabroso y típico de nuestros pueblos. Todo ello crea una bella estampa que se repite todos los otoños y esperemos que así siga siendo muchos años más y que la enfermedad que seca a estos árboles centenarios y grandiosos solo sea un pequeño percance que desaparezca pronto.



lunes 28 de noviembre de 2011

Paseando por Orzonaga

A apenas 30 kilómetros de la ciudad de León, siguiendo el curso de su río Torío hacia el norte y con la mirada puesta en ese vigía calizo llamado Correcillas que domina todo este valle leonés, se llega a la gran vega de Matallana de Torío, emblemática parada del tren hullero que comunica o comunicaba el carbón leonés con los altos hornos bilbaínos.

Es Matallana un lugar bastante recurrido en la provincia. Sirve de frontera entre la ribera y la montaña y por su calzada cada fin de semana pasan decenas de automóviles, ciclistas y senderistas dirección a Vegacervera, otro pueblo emblemático de la comarca, donde se encuentran las ya archiconocidas foces del Torío aparte de una buena oferta hostelera y turística.

                                  La cuenca media del Torío desde la cima del Correcillas

Es entre esa corta distancia entre Matallana y Vegacervera donde aparece el destino que hemos elegido hoy para caminar y conocer.
El letrero de Orzonaga se muestra a mano izquierda según salimos de La Estación de Matallana. Cruzando el río el cual aquí aparece remansado en un puerto artificial, nos internamos en un escondido valle arbolado que desde la carretera principal apenas es visible. A continuación llegamos a Orzonaga.

                          Orzonaga entre sus tupidos bosques

Este pueblín es quizás de los más guapos de la zona y cuenta con una naturaleza bastante interesante. Sus casas y rincones son también dignos de un paseo y una mirada atenta, pues hay varias casas restauradas y en consonancia con la arquitectura tradicional leonesa.

                                 Calle pintoresca de Orzonaga

Orzonaga es pueblo minero aunque ya no suenen los martillos y los panzers en el interior de la tierra. Varios caminos parten del pueblo hacia sus viejas minas, pero hay uno más importante que otros, me refiero al que comunica con el pueblo de Llombera, y por lo tanto con el vecino valle del Bernesga y La Pola de Gordón. Orzonaga constituye un “puente” entre estos dos valles y este puente es una inmejorable ruta a pie y en bicicleta que este año hemos realizado.

                                      Llombera

Pero entre los mejores servicios que Orzonaga ofrece al caminante es su Faedo. El faedo o hayedo, en castellano, de este pueblo quizás sea uno de los situados más al sur de la cordillera en su parte leonesa. Fresco y con buenos ejemplares, situado en la parte norte del valle que comunica con Llombera, es una visita obligada para el aficionado naturalista.

                                   Inicio de la ruta

Comenzamos a caminar desde el pueblo hacia el sur, donde existen un cartel informativo de ruta señalizada la cual se denomina “La Mata del Té”. Nosotros vamos a utilizarla en parte.
Subimos una fuerte pendiente al principio entre matas de robles para alcanzar la altitud de La Llombada, desde la cual ya tenemos una buena panorámica de este pueblo y de los terrenos aledaños, fijándonos, como no, en la cercana peña Correcillas, tan fotografiada y nombrada por el que escribe.

                                  El valle de Matallana y el Correcillas

Varios vallines discurren hacia el sur, hacia La Estación de Matallana y Robledo de Fenar, pero nosotros vamos a seguir caminando hacia el Oeste a través de esta sierrina poblada de robles, pinos y camperas.

                            Camino a la parte superior del hayedo

Las vistas son buenas y apenas tenemos pendiente. Es terreno de perdices, conejos y corzos, y también de rebaños de ovejas. Casi a mitad del recorrido nos encontramos con una caseta de uso público bastante interesante.



Llegamos casi al final de la sierra a través de un buen camino y ya vemos como a nuestra derecha va surgiendo un cambio de vegetación. El roble va dejando espacio al haya que crece y desciende hacia el norte y hacia el valle de Orzonaga. Es el momento de buscar la sombra de sus tupidas ramas.

                               Donde la faya y el roble se encuentran

Existe un camino el cual se interna desde los altos donde nos encontramos en el bosque, pero básicamente, cualquier senderín o trechero nos puede introducir fácilmente en él, puesto que son ejemplares altos que no impiden el transito y la visión.

                                Interior del Faedo

Es un faedo no muy extenso pero de gran belleza, como todos los conjuntos de esta especie. El corzo es un habitual entre sus hojas, siendo fácil oírle o avistarle en primavera.
La caliza aflora en este tramo mientras vamos descendiendo en dirección a la collada Gudina, la cual separa los terrenos de Orzonaga con los de Llombera, donde, por cierto, este hayedo se prolonga.




Sin mucha pérdida y siguiendo el senderín en todo momento llegamos a la pista principal que comunica las dos poblaciones. Desde este punto y descendiendo al lugar de partida podemos ir contemplando todo el hayedo que hemos recorrido así como su extensión. En el fondo del valle corre un reguerín el cual hace que crezca abundante vegetación de ribera así como pastos y praderas naturales.

                               Claros en el faedo

También podemos apreciar restos mineros y sobretodo agua, mucha agua que surge de las profundidades de la tierra que fueron horadadas para extraer el mineral. Más de ocho minas llegaron a tener  en esta población. Hoy en día la actividad más visible de la zona es la cercana mina a cielo abierto de Santa Lucía de Gordón.

                    Antigua mina de la Hullera Vasco-Leonesa

Arribamos de nuevo a Orzonaga, como digo, pueblo guapo y lleno de rincones pintorescos. Y sobretodo existe un rincón bastante pintoresco, seguramente el que más del pueblo, donde pasa las tardes, los días y los inviernos, un entrañable paisano llamado Don Nicasio.

Don Nicasio es un artesano de la madera, pero no uno cualquiera. Con sus manos ha construido la casa donde se asienta su taller de trabajo, el cual tuvo la bondad y amabilidad de mostrarnos cuando pasamos por su calle.
Y es que es difícil no mirar hacia este localillo lleno absolutamente de herramientas de toda clase así como adornos por las cuatro paredes. Mesas, sillas y otros elementos ocupan las esquinas del local. Muchas horas de trabajo se respiran en este rincón. Y así nos lo constata Nicasio, un hombre que según nos cuenta emigró a América a trabajar en talleres mecánicos, pero que a su vuelta a España ya casi en los ochenta comenzó a trabajar la madera, ¡y de qué forma!.

                               Don Nicasio colocando sus herramientas

Conversar con este habitante de Orzonaga y sobretodo contemplar sus obras es también, como el Faedo, una parada obligatoria en este lugar, un lugar cuyo nombre invoca a épocas pasadas, pues se dice que el nombre del pueblo está relacionado con la tribu de los Orgonomescos, tribu cántabra-astur, la cual se debió establecer en estas tierras del Torío, y quién sabe si fue el Faedo de Orzonaga su lugar divino donde los druidas invocaban a los dioses y entes del bosque



Abandonamos este rincón leonés y nos despedimos de esta montaña del Torío que tanto y tan cerca ofrece al senderista y curioso.

                                        (Pinchar para ampliar)

Tiempo aproximado de la ruta: 3 horas
Datos de interés: Alojamiento y comidas en Vegacervera, Serrilla y Matallana.
Aproximación cómoda desde León a través del tren de la FEVE. Enlace con la ruta Vía Bardaya y Mata del Té, señalizadas por el ayuntamiento de Matallana.